¿Cómo motivar a los trabajadores para mejorar el rendimiento de la empresa?

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Si bien, todo empleado trabaja por un sueldo, el peor error que puede cometer una pequeña o mediana empresa es pensar que la única motivación que rige al trabajador es el dinero. Incluso, a la hora de pensar en un medio para motivar a los empleados y obtener mejores rendimientos, quizá no sea el dinero la mejor de las opciones.

Y es que la motivación obedece más a un componente psicológico que económico. Quizá la sana competencia, la aceptación y reconocimiento de los logros, las relaciones personales entre superiores y dependientes, la delegación de autoridad y responsabilidad y la confianza, sean mejores mecanismos de motivación, cuando se aplican de manera correcta, que el propio incentivo económico.

Por supuesto, la correcta aplicación de estas medidas depende mucho de la personalidad del jefe o del superior, pues requiere de una excelente habilidad de liderazgo. Un líder no es quien impone respeto e infunde el miedo en su equipo, sino quien sabe ganarse el respeto y la aceptación de la gente por medio de una actitud positiva.

Son varias las experiencias al respecto y varios los métodos alternativos de motivación que permiten llegar a resultados asombrosos. Algunos son bastante simples, como el hecho de que el superior se interese por lo que sucede en la vida personal y profesional del subordinado, reconocer el trabajo bien hecho e incluso agradecerlo, o llevar a cabo las reuniones de trabajo en ambientes distendidos, por fuera del ámbito laboral.

También los hay más complejos como establecer un sistema de puntuación en base a triunfos simples y precisos que implique determinados premios para quienes alcancen cierto nivel de puntuación, o incluso, agendar actividades de grupo en las que se brinde la oportunidad de que el equipo se conozca y genere lazos personales.

A la hora de motivar lo principal es la creatividad y la empatía, el saber ponerse en la piel del otro, comprender su comportamiento, sus ambiciones y sus sueños, el saber cuáles son sus temores y limitaciones, para crear estrategias orientadas no sólo al equipo sino también a la persona misma. Siempre con la mentalidad de que no trabajamos con máquinas de hacer dinero sino con seres humanos cuya vida va más allá de lo económico.

Vía | Times Online

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