El oro: Un refugio contra la tormenta

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Al tiempo que la economía mundial sufre una fuerte sacudida y la confianza de los agentes se retira de los mercados financieros, los capitales menos osados buscan resguardo y protección de la incertidumbre de las grandes plazas.

El activo refugio por excelencia ha sido por siempre el oro. Un metal que tiene la particularidad de guardar su valor e incluso incrementarlo durante los tiempos más difíciles. Su precio funciona, por tanto, como un indicador por excelencia de la confianza de los agentes económicos en el futuro de los mercados.

En lo que va del año, el metal áureo se ha revalorizado en un 31%, en una tendencia que se espera se mantenga por buena parte del 2008. Su precio se sitúa hoy en U$S 902,60 la onza y a diario se encuentra superando sus máximos históricos.

Merrill Lynch espera que durante el 2008, la onza de oro alcance los U$S 1.000 para luego emprender un rápido descenso que la sitúe en el entorno de los U$S 740. La causa de la carrera alcista es en buena medida el aumento de la desconfianza de los agentes provocado por la crisis hipotecaria y los peligros de recesión de la economía estadounidense, la creciente inflación (especialmente en el mercado energético); la cuál se ve potenciada por un fuerte descenso de la producción de metales preciosos en Estados Unidos, Australia, Canadá, Brasil y principalmente en Sudáfrica.

Otros analistas, sin embargo, no están de acuerdo con las predicciones de Merrill Lynch sobre la reversión de la tendencia al alza de los precios del oro y encuentran un alarmante parecido a la situación que hoy vivimos con los comienzos de la crisis de los años 70, cuando los precios del oro duplicaron su valor en el transcurso de tres años (1974-1977) pasando de U$S 50 a U$S 100, para tres años después (1980) situarse en los U$S 850.

Es curioso y hasta angustiante constatar que a mediados de los 70 también existían prestigiosos analistas que avizoraban una inminente caída del precio del oro.

Vía | El Mundo

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